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Empieza desde donde estás
- ¿Cómo es tu práctica de comer juntos actualmente? ¿Qué objetivos tienen sentido para ti ahora?
- ¿Cenar a la mesa todos los días? ¿Una vez a la semana?
- ¿Una comida de domingo una vez al mes?
- ¿Un brunch de sábado una vez al mes?
Conéctense entre ustedes
- ¿Qué pueden hacer para estar más plenamente presentes en la mesa? ¿O existen hábitos que facilitarían la conexión?
- Inviten a cada persona a compartir algo –¿bueno? ¿malo? ¿sorprendente?– de su día.
- ¿Busquen formas de posponer los conflictos y trasladarlos de la mesa a otro lugar o momento?
Conéctate con el Señor
- En cierto sentido, el Señor es nuestro anfitrión en cada comida: Aquel que lo ha provisto todo. En otro sentido, el Señor es un invitado a quien damos la bienvenida. ¿Qué hábitos podrían ayudar a honrar Su presencia en tu mesa?
- ¿Comenzar las comidas encendiendo una vela?
- ¿Invitar a cada persona sentada a la mesa a compartir una petición de oración antes de orar?
- ¿Incorporar la celebración de las fiestas y los tiempos del año litúrgico?
Trabajen Juntos
- La mesa familiar funciona mejor cuando todos colaboran. Si una persona cocina, otra lava los platos. Incluso los niños pequeños pueden poner la mesa o llenar los vasos de agua.
Construye a partir de ahí
- A medida que tu mesa se convierta en un hábito establecido, puedes construir a partir de ahí. Como cristianos, siempre estamos llamados a invitar a otros a unirse. ¿A quién podrías incluir en tu mesa?