San Juan Pablo II

October 22, 2026

a oración,

El Santo Juan Pablo II fue un santo que también fue papá. Llamado en ocasiones «Papa Juan Pablo el Grande», Juan Pablo II vivió y sirvió de una manera que influyó profundamente en la Iglesia y en el mundo.

San Juan Pablo II nació en Polonia en 1920 en una familia cariñosa; sin embargo, lamentablemente, su madre falleció cuando él tenía apenas ocho años. De joven, le encantaba la actuación y participó en varias obras de teatro. También le fascinaban los distintos idiomas, y llegó a aprender hasta 15 lenguas, una habilidad que más tarde utilizaría siendo papa.Además, contaba con muchas amistades y conocidos de origen judío, lo que moldeó su afecto y respeto por la comunidad judía el resto de su vida.

De joven, Juan Pablo II afrontó graves desafíos. Vivió en Polonia durante una época en la que el país había sido invadido por el régimen nazi de Alemania; lo que significó que no pudo seguir estudiando y tuvo que trabajar.Sufrió graves lesiones en dos accidentes diferentes, y a los 20 años su padre y su hermano, con los que era muy unido, también habían fallecido. 

La fe de Juan Pablo II siempre había sido importante para él y, tras la muerte de su padre, comenzó a buscar la ordenación sacerdotal. ​​Era un pastor dedicado, y con frecuencia organizaba salidas para que los jóvenes fueran a escalar o andar en kayak. Además, le encantaba leer y estudiar, por lo que obtuvo títulos universitarios avanzados en teología.

En 1978, Juan Pablo II se convirtió en papa y sirvió a la Iglesia en esa función durante 27 años. Siendo papa, fue abierto y cariñoso. viajó a muchos lugares y tenía un gran deseo de encontrarse con las personas a las que pastoreaba. Dio importantes lecciones acerca del amor y el matrimonio que impactaron a gran cantidad de gente. Grandes multitudes acudían a conocerlo, y él inspiró a muchos jóvenes a considerar el sacerdocio o la vida religiosa. Tuvo una influencia importante en los acontecimientos políticos de su época, inspirando a las personas a resistir a los gobiernos comunistas que les prohibían profesar su fe.

En los últimos años de su vida, Juan Pablo II padeció la enfermedad de Parkinson, pero continuó sirviendo como Papa. Creía que su visible vulnerabilidad servía para recordar que las debilidades no deben avergonzarnos, ya que Dios se manifiesta a través de ellas. Su extraordinaria vida puede recordarnos a todos lo que Dios es capaz de hacer cuando buscamos servirle.

Una oración para tu mesa: 

Padre Celestial,
diste a toda la Iglesia el don de Juan Pablo II,
quien, a pesar de afrontar muchos desafíos,
eligió servirte con energía y amor.
Gracias por su alegría.
Gracias por las enseñanzas sobre el matrimonio que nos dejó.
Gracias por todo lo que hiciste a través de él.
Te pedimos que nos muestres el camino por el que nos guías,
incluso cuando enfrentamos dificultades y adversidades.
Ayúdanos a comprender lo que significaría para nosotros,
al igual que para el Papa san Juan Pablo el Grande,
poner todos nuestros dones a tu servicio.
En el nombre de Jesús, oramos.
Amén.

San Juan Pablo II, ruega por nosotros.

Quizás también quieras rezar la antigua oración que el mismo Juan Pablo II rezaba. Su padre se la enseñó cuando era niño, y la guardaba en un papel escrito a mano, recitándola a diario por más de 40 años, incluso durante todo su pontificado:

Ven, Espíritu Creador,
visita las almas de tus fieles
llena con tu divina gracia,
los corazones que creaste.
Tú, a quien llamamos Paráclito,
don de Dios Altísimo,
fuente viva, fuego,
caridad y espiritual unción.
Tú derramas sobre nosotros los siete dones;
Tú, dedo de la diestra del Padre; 
Tú, fiel promesa del Padre;
que inspiras nuestras palabras.
Ilumina nuestros sentidos;
infunde tu amor en nuestros corazones;
y, con tu perpetuo auxilio,
fortalece la debilidad de nuestro cuerpo.
Aleja de nosotros al enemigo,
danos pronto la paz,
sé nuestro director y nuestro guía,
para que evitemos todo mal.
Por ti conozcamos al Padre,
al Hijo revélanos también;
Creamos en ti, su Espíritu,
por los siglos de los siglos
Gloria a Dios Padre,
y al Hijo que resucitó,
y al Espíritu Consolador,
por los siglos de los siglos. Amén.