San Agustín
a oración, sugerencia de menú, idea adicional
San Agustín (354–430) nació en el norte de África (en la actual Argelia). Su madre era una cristiana devota. Su padre era pagano (rendía culto a los dioses y diosas romanos), pero se convirtió al cristianismo en su lecho de muerte (cuando Agustín tenía 16 años). Su familia pertenecía a un antiguo grupo étnico norteafricano llamado bereber.
Agustín era muy inteligente y curioso. A los 11 años, fue enviado a una escuela situada a unos 32 kilómetros (20 millas) de su hogar. Llegó a ejercer como maestro en ciudades cada vez más grandes: primero en Tagaste y Cartago (ambas en África) y después en Roma. A los 30 años, ocupaba el puesto docente más importante de todo el Imperio romano.

Al igual que se esforzaba por alcanzar el éxito profesional, Agustín también pasó muchos años buscando algo en qué creer. En su juventud, se sintió atraído primero por los maniqueos, quienes creían en la existencia de dos grandes poderes: uno bueno y otro malo. Más tarde, se sintió atraído por los platónicos, que consideraban que el Bien era la verdadera realidad subyacente a todas las cosas, aunque no creían en el Dios descrito en la Biblia. Finalmente, a los 31 años, Agustín se convirtió al cristianismo, y aquello lo cambió todo.
Agustín deseaba consagrar toda su vida a Dios, por lo que replanteó sus relaciones y su trabajo. Al poco tiempo fue ordenado sacerdote y, años más tarde, obispo. Agustín narró la historia de su vida en *Las Confesiones*, obra escrita en forma de oración. Es especialmente célebre una frase que aparece al comienzo de dicho libro: “nuestro corazón está inquieto hasta que descanse en Ti”.
Una oración para tu mesa:
Dios celestial,
En San Agustín encontramos un poderoso ejemplo de cómo un alma apasionada que busca satisfacción por caminos equivocados puede ser redirigida a seguir a Cristo.
Agustín estuvo inquieto hasta que su corazón descansó en Ti.
Una vez que encontró la fe, derramó su corazón en millones de palabras que profundizaron para siempre nuestra comprensión de Ti y de Tu amor.
Rogamos que su camino inspire el nuestro,
mientras buscamos la senda que nos aleja del pecado y nos acerca a Tu Hijo.
Ayúdanos a dirigir el hambre de nuestras almas hacia Ti, como única fuente de verdadero alimento.
En el nombre de Jesús, oramos.
Amén.
¡San Agustín, ruega por nosotros!
Sugerencia de menú
En *Confesiones*Agustín relata un episodio de su infancia en el que robó una pera; por este motivo, a menudo se le asocia con esta fruta. Podría servir pera en láminas como acompañamiento, o bien preparar un *crumble* de pera u otro postre que la incluya.
Ideas adicional
Las Confesiones de San Agustín son una de las expresiones literarias más bellas de alabanza y alegría por el amor de Dios. «¡Tarde te amé, oh Belleza siempre antigua, siempre nueva!». Esta noche, durante la cena, puedes poner tu música favorita, ya sea religiosa, clásica o simplemente algo que alegre a tu familia. Si tienes hijos mayores, A los niños más grandes les podría gustar preparar su propia lista de reproducción. (O, si tienes familiares a quienes les molesta la música de fondo, podrías ponerla como actividad para después de la cena).
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